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Las alteraciones en tus uñas que podrían alertar sobre tu estado de salud

La lúnula, esa pequeña marca en la base de la uña, suele pasar inadvertida para la mayoría. Sin embargo, variaciones inusuales en su coloración podrían ser señales de advertencia sobre procesos internos en el cuerpo.

Por Redacción
El color habitual de la lúnula es blanco o ligeramente rosado, y detrás de ese tono hay un pequeño juego de luces.
El color habitual de la lúnula es blanco o ligeramente rosado, y detrás de ese tono hay un pequeño juego de luces.

Solemos observar nuestras manos constantemente, aunque rara vez nos detenemos a examinar los detalles. Existe una estructura minúscula en la base de la uña que, pese a su aspecto discreto, puede otorgar información valiosa sobre nuestra salud general.

Hablamos de la lúnula, esa zona blanquecina que se distingue con claridad en los pulgares. Esta marca no es un simple rasgo estético, sino la parte externa de la matriz ungueal, el tejido vivo encargado de producir las células que se compactan y endurecen para conformar la uña.

Su tono habitual es blanquecino o apenas rosáceo debido a un efecto óptico. Al ser un tejido más denso, permite el paso de menos luz que el resto de la uña. Además, como las células allí presentes aún no han finalizado su proceso de queratinización, la luz se dispersa con mayor facilidad, logrando ese matiz claro. En cambio, en el resto de la uña, la transparencia permite visualizar los vasos sanguíneos, lo que le otorga un color rosado. No obstante, los científicos aún debaten qué tanto influye cada factor en su aspecto final.

Es totalmente normal que la lúnula no sea visible en todos los dedos, especialmente en los meñiques, donde suele quedar oculta bajo la piel. En los pulgares, por el contrario, resalta más porque su matriz posee una mayor superficie.

El cambio cromático a un tono rojizo es lo que genera mayor interés desde el punto de vista médico. Una revisión del *American Journal of the Medical Sciences* ha recopilado décadas de estudios que vinculan las lúnulas rojas con diversas patologías, incluyendo problemas cardiovasculares, hepáticos, hematológicos, dermatológicos y reumatológicos, tales como artritis reumatoide, cirrosis, lupus, alopecia areata, insuficiencia cardíaca o envenenamiento por monóxido de carbono.

El fenómeno fue documentado científicamente a mediados del siglo XX. En 1954, Richard Terry, del Hospital St. Bartholomew’s de Londres, analizó a 23 pacientes con esta particularidad y detectó que el 61 % padecía insuficiencia cardíaca. Otros casos presentaban cuadros de desnutrición, leucemia, linfoma, cirrosis o enfermedades respiratorias crónicas.

Sin embargo, es fundamental aclarar que una lúnula roja no es un indicador absoluto de gravedad. La conexión no es unívoca, ya que existen personas con estas dolencias que no presentan el cambio y, a la inversa, pacientes con lúnulas rojas sin patologías subyacentes.

La clave radica en la distribución de la coloración. Si el enrojecimiento aparece de forma simétrica en varios dedos, sobre todo en los pulgares, los especialistas prestan mayor atención a un posible origen sistémico. Por el contrario, si ocurre en un solo dedo, es más probable que se deba a causas locales como un trauma, una infección o un proceso tumoral.

La ciencia sospecha que el enrojecimiento responde a una dilatación de los capilares, lo que incrementa el flujo sanguíneo bajo la lúnula. Una forma de verificar esto es presionarla: si el color palidece al ejercer fuerza, es probable que su origen sea vascular. Debido a que es un hallazgo inusual y poco específico, los expertos sugieren una evaluación médica general ante su aparición, para no pasar por alto posibles complicaciones clínicas.

Las uñas actúan además como un registro temporal de nuestra salud. Como la parte visible tarda unos seis meses en crecer desde la matriz, cualquier interrupción en ese crecimiento —debido a una enfermedad severa— deja surcos horizontales conocidos como líneas de Beau, que avanzan hacia la punta del dedo mientras la uña se renueva.

Es importante diferenciar estas alteraciones clínicas de las creencias populares carentes de sustento. El tamaño o la visibilidad de la lúnula, por sí solos, no indican enfermedades, pues dependen de la anatomía de cada individuo.

En resumen, aunque la lúnula no funciona como un monitor de salud automático, es una zona de tejido vivo que merece atención. Si bien no debe ser motivo de alarma inmediata, un cambio brusco a color rojo en varios dedos justifica una consulta profesional para descartar cualquier proceso sistémico subyacente.

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